Tan poca vida
Tan poca vida Pero Willem no podÃa ignorar las señales: las excusas para evitar reuniones, los vendajes que Jude intentaba ocultar, su incapacidad para aceptar cualquier tipo de cercanÃa emocional. Cada intento de ayuda era un muro contra el que chocaba, una puerta que Jude cerraba con más fuerza cada vez.
Mientras tanto, JB seguÃa persiguiendo su propia idea de éxito. Sus fotografÃas, llenas de una estética tan cruda como controvertida, comenzaban a llamar la atención en cÃrculos artÃsticos. En una exposición en un loft del SoHo, JB habÃa incluido un retrato de Jude que capturaba algo más profundo que su rostro; era una imagen que parecÃa desnudar su dolor, su fragilidad. Cuando Jude la vio, su expresión se endureció.
—¿Por qué hiciste esto? —preguntó, sosteniendo la fotografÃa como si fuera un arma. —Es arte, Jude. Es real. Eres tú. —No tienes derecho a mostrarme asÃ.
La discusión escaló, y fue Willem quien intervino, llevándose a Jude antes de que el enfrentamiento se tornara insostenible. Esa noche, en el apartamento, Jude se desplomó en el suelo del baño, con las manos temblando y la mirada perdida.
—Déjame ayudarte —dijo Willem desde la puerta, manteniendo una distancia que sabÃa que Jude necesitaba. —No puedes ayudarme —fue la respuesta cortante, como un cuchillo en el aire.