Tan poca vida
Tan poca vida Por su parte, Malcolm luchaba con sus propias inseguridades. En su vida profesional, diseñaba espacios de ensueño para otros, pero su propia vida parecía estancada en un terreno vacío. Su relación con su familia era un tira y afloja constante; sus padres lo veían como un reflejo de sus expectativas, mientras Malcolm apenas podía reconocerse en el espejo.
—¿Qué estás construyendo realmente, Malcolm? —le preguntó Willem una noche, cuando se reunieron los tres en el viejo restaurante chino que solían frecuentar. —No lo sé. Tal vez nada.
Las tensiones entre los cuatro crecían, pero lo que los mantenía unidos era esa conexión intangible, esa promesa tácita de amistad que, aunque fracturada, seguía resistiendo. JB seguía empujando los límites de lo que era aceptable en nombre del arte. Malcolm se hundía en un silencio cada vez más profundo. Willem intentaba ser el pegamento, pero sus propios sueños de actuar en Broadway se quedaban cada vez más lejos. Y Jude... Jude era el epicentro de algo que todos podían sentir pero ninguno podía comprender del todo.