Tan poca vida
Tan poca vida Una tarde, mientras caminaban por la playa en una escapada improvisada, Jude dejó escapar algo que nadie esperaba: —A veces siento que no debería estar aquí. El silencio que siguió fue ensordecedor. Willem, JB y Malcolm intercambiaron miradas, cada uno procesando esas palabras a su manera. Pero fue Willem quien rompió el silencio. —No digas eso. Tú eres el motivo por el que seguimos juntos.
Jude sonrió, pero no respondió. Sus huellas en la arena parecían desvanecerse con cada ola que las tocaba, como si quisiera borrar su presencia.
—A veces, las marcas que dejamos son las más fáciles de borrar—.
El apartamento en Chinatown parecía más pequeño con cada día que pasaba, como si los muros se acercaran, presionando sobre los silencios que crepitaban entre los cuatro amigos. En la superficie, las cosas parecían mejorar: Willem había conseguido un papel secundario en una obra off-Broadway, Malcolm trabajaba en un proyecto arquitectónico importante, y JB había conseguido que su serie de fotografías se expusiera en una galería prestigiosa. Sin embargo, estas victorias eran delgadas capas de barniz sobre sus fracturas internas.