Tan poca vida
Tan poca vida Jude, por su parte, estaba ausente en más de un sentido. Aunque su carrera como abogado prosperaba, sus dÃas se movÃan en piloto automático. Las noches eran otra historia. En la soledad del apartamento, los recuerdos de su infancia lo acosaban, sombras que lo perseguÃan como fantasmas con los que no podÃa luchar.
—¿Cómo va el caso de la empresa farmacéutica? —le preguntó Willem una noche, intentando conectarse con él. —Bien. Ganamos una moción importante ayer. —¿Y eso no te hace feliz? Jude lo miró por un momento antes de responder: —¿Qué es la felicidad, Willem?
La pregunta quedó suspendida en el aire, como una carga que ninguno de los dos podÃa soportar. Willem no insistió. SabÃa que empujar a Jude era como intentar atrapar humo con las manos.
Mientras tanto, JB estaba en su apogeo, o al menos eso creÃa. La noche de su exposición, la galerÃa estaba llena de crÃticos, artistas y admiradores. Todos admiraban sus retratos, esas imágenes cargadas de una crudeza que rozaba lo cruel. Pero cuando Jude vio que su fotografÃa era el centro de atención, algo en su interior se rompió.
—¿Por qué sigues usando mi vida para tus "proyectos"? —le espetó Jude, apartándose de la multitud. —Es arte, Jude. No es personal. —Es mi vida. Mis heridas. No tienes derecho.