Tan poca vida
Tan poca vida Mientras tanto, JB comenzaba a hundirse en su propio abismo. Su éxito como fotógrafo ya no le llenaba como antes. La culpa por haber usado a Jude como tema central de su arte lo corroía, aunque nunca supo cómo expresar su arrepentimiento de manera honesta. Una noche, en medio de una fiesta llena de extraños, JB rompió en llanto frente a Malcolm. —Lo arruiné todo, ¿verdad? —preguntó, sosteniendo una copa vacía. Malcolm, siempre el más sereno del grupo, lo miró con una mezcla de compasión y cansancio. —No lo sé, JB. Pero si sigues así, no quedará nada que salvar.
Malcolm también tenía sus propios demonios. Su relación amorosa, que había sido un faro de esperanza, terminó abruptamente cuando su pareja se dio cuenta de que Malcolm no sabía qué quería. Sumido en un torbellino de autocrítica y presión familiar, Malcolm se retiró aún más, evitando reuniones y enfocándose únicamente en su trabajo.
Pero el verdadero golpe vino cuando Jude desapareció. Una mañana, Willem despertó y encontró el apartamento vacío. El teléfono de Jude estaba apagado, y su cama estaba intacta, como si no hubiera dormido en ella. El pánico se apoderó de Willem mientras llamaba a JB y Malcolm para buscarlo.