Tan poca vida
Tan poca vida —¿Y si le pasó algo? —preguntó Willem, con la voz quebrada. —Él no haría eso —respondió JB, pero incluso mientras hablaba, su expresión mostraba dudas.
Pasaron dos días antes de que Jude finalmente reapareciera, exhausto y cubierto de pequeños cortes en las manos. Cuando Willem lo enfrentó, Jude simplemente se encogió de hombros. —Necesitaba tiempo. —¿Tiempo para qué? —exclamó Willem, al borde del llanto. —Para respirar —respondió Jude, y su voz era un reflejo de un dolor que no podía compartir.
El episodio dejó a los amigos tambaleándose, incapaces de ignorar lo evidente: Jude estaba cayendo, y ellos no sabían cómo detener su caída. Una noche, durante una cena tensa en el apartamento de Malcolm, Jude finalmente habló: —No soy lo que ustedes piensan. No soy fuerte. No soy nada. El silencio que siguió fue devastador.
Willem intentó alcanzarlo, sostenerlo en ese momento de vulnerabilidad, pero Jude ya había cerrado las puertas nuevamente. —No tienes que hacerlo solo, Jude —le dijo Willem. Jude lo miró, sus ojos oscuros llenos de una tristeza infinita. —Siempre he estado solo.