Tan poca vida
Tan poca vida El abismo se hacÃa más profundo, y aunque los cuatro intentaban mantenerse unidos, sus vidas comenzaban a separarse como las ramas de un árbol caÃdo. El tiempo que compartÃan se reducÃa, las conversaciones eran más tensas, y la sensación de que algo irreparable estaba ocurriendo los seguÃa como una sombra.
—A veces, el suelo no desaparece de golpe; simplemente se desmorona bajo tus pies, hasta que no queda nada que te sostenga—.
Jude se habÃa convertido en una sombra de sà mismo. La rutina era su único refugio, una estructura frágil que mantenÃa su mundo en pie. Trabajaba incansablemente en el bufete, atendiendo casos con una eficiencia casi inhumana, pero las noches eran otro territorio, un campo de batalla donde peleaba contra los ecos de un pasado que nunca lo soltaba.
Willem, preocupado, empezó a pasar más tiempo con él. Dejaba de lado audiciones y cenas con conocidos para sentarse en el sofá junto a Jude, aunque muchas veces las horas transcurrÃan en un silencio sofocante. —¿Qué puedo hacer para ayudarte? —preguntó una noche, rompiendo la calma tensa. Jude, que habÃa estado mirando sus manos vendadas, levantó la vista lentamente. —No puedes hacer nada, Willem.