Tan poca vida
Tan poca vida El alejamiento entre ellos no era el único signo de que las cosas se desmoronaban. JB, atrapado en una espiral de autodesprecio, comenzó a buscar consuelo en sustancias que solo lo hundieron más. Sus noches de fiesta se convirtieron en un grito desesperado por algo que ni siquiera sabÃa cómo definir. En una ocasión, Malcolm y Willem lo encontraron desmayado en su loft, rodeado de botellas vacÃas y restos de cocaÃna. —No puedes seguir asÃ, JB —le dijo Malcolm mientras lo ayudaban a levantarse. —¿Y qué importa? —respondió JB con una sonrisa amarga—. Jude se está matando en silencio, y ninguno de nosotros puede hacer nada.
Malcolm, por su parte, se sentÃa cada vez más atrapado en su papel de mediador. Mientras su vida personal se tambaleaba, trataba de mantener unida al grupo, aunque cada esfuerzo parecÃa inútil. En una conversación con Willem, dejó salir su frustración: —Todos estamos rotos, Willem. No sé cómo arreglarnos.
Pero fue Jude quien tocó el fondo más profundo. Una noche, después de regresar del trabajo, Willem lo encontró en el baño, inconsciente, con una botella de pastillas vacÃa a su lado. El terror se apoderó de Willem mientras llamaba a emergencias, sus manos temblando al sostener a Jude. —Quédate conmigo, Jude. Quédate conmigo, por favor —susurraba, como si sus palabras pudieran anclarlo a la vida.