Tan poca vida
Tan poca vida Jude sobrevivió, pero algo cambió esa noche. Willem, agotado y lleno de desesperación, tomó una decisión. —No puedo seguir viéndote destruirte. Si no aceptas ayuda, Jude, no puedo quedarme aquí. —No lo entiendes, Willem. Nadie puede entenderlo. —No, no entiendo —respondió Willem, con lágrimas en los ojos—. Pero te quiero. Y no voy a quedarme de brazos cruzados mientras te pierdo.
Esa confesión dejó a Jude sin palabras. Pero a pesar de las promesas de Willem, el peso de sus propios demonios lo mantenía encerrado en una prisión que él mismo había construido.
JB y Malcolm también intentaron acercarse, aunque con torpeza. Una noche, los tres se reunieron en el apartamento de Willem, donde Jude se mantenía aislado, y discutieron cómo podrían ayudarlo. —No podemos seguir ignorando esto —dijo Malcolm. —¿Y qué hacemos? —respondió JB, frustrado—. Él no quiere nuestra ayuda. —Eso no significa que debamos dejar de intentarlo.
Los ecos de esa conversación se quedaron con ellos mucho después de que la noche terminara, un recordatorio de que, aunque la oscuridad era abrumadora, no estaban dispuestos a rendirse. Sin embargo, las grietas entre ellos seguían creciendo, y la sensación de que algo irreversible estaba por suceder los perseguía como una sombra.