Tess de D'Urberville
Tess de D'Urberville —Pero ¿tantas veces la he ofendido a usted?
—Algunas.
—¿Cuántas?
—Tan bien como yo lo sabe usted. Demasiadas veces han sido.
—¿Siempre que he intentado algo?
Guardó silencio Tess y el caballo siguió al paso un buen trecho, hasta que una vaga neblina luminosa que toda la tarde estuvo cernida en el ambiente se difundió finalmente por todo el espacio envolviendo a ambos jóvenes. ParecÃa tener en suspensión la claridad de la luna, haciendo que resultase más penetrante que en el aire despejado. Y por esta causa, o por hallarse ensimismada o ir medio dormida, no reparó Tess en que ya hacÃa mucho tiempo que dejaran atrás el punto en que el camino de Trantridge empalma con la carretera, ni en que su acompañante habÃa tomado otra dirección.