Tess de D'Urberville
Tess de D'Urberville La atmósfera es aquí abajo lánguida y tan cargada de azul celeste que lo que llaman los pintores distancia media participa también de ese tono de color, mientras que el horizonte lejano se tiñe del más profundo color índigo. Las tierras de labranza son pocas y reducidas, y con ligeras excepciones, la perspectiva consiste en una amplia y rica masa de verdor y arbolado, tapizando colinas minúsculas y leves alturas en el ámbito de otras mayores. Así es el valle de Blackmoor.
El interés histórico del distrito no le va en zaga al topográfico. Fue conocido en tiempos remotos el valle con el nombre de bosque del Ciervo Blanco, por una curiosa leyenda del reinado de Enrique III, según la cual, cierto Thomas de la Lynd había sido castigado con crecida multa por haber dado muerte a un hermoso ciervo blanco que el rey había perseguido y perdonado. Por aquel tiempo, y casi puede decirse que hasta no hace mucho, estaba la región muy poblada de árboles. Todavía hoy se hallan vestigios de su primitiva condición en los añosos encinares y los irregulares setos de madera que aún subsisten en sus vertientes, y en los árboles de hueco tronco que dan sombra a muchos de sus prados.