Tess de D'Urberville
Tess de D'Urberville Pasadas unas semanas, se reanimó Tess lo bastante para poder mostrarse en público, como no podÃa ser menos para ir a la iglesia un domingo por la mañana. Le gustaban a la joven los cantos, mejores o peores, y los salmos, y tomar parte en el Himno de la mañana. Aquel gusto innato por la música, que heredara de su madre, era causa de que cualquier musiquilla le hiciera tal impresión que a veces parecÃa que iba a salÃrsele el corazón del pecho.
Con objeto de eludir la curiosidad pública por razones Ãntimas y rehuir los galanteos de los mozos se sentó, antes de que tocaran las campanas, en un banco al final de la nave, bajo el coro, adonde sólo iban a sentarse los viejos, teniendo cerca las andas funerarias que allà dentro se guardaban con los demás fúnebres artefactos.