Tess de D'Urberville
Tess de D'Urberville En aquel instante se dejó oír un rumor parecido al que produce la langosta en la época del celo. Había empezado la máquina, y desde el portón se veía avanzar un tiro de tres caballos y la destartalada máquina susodicha, con un conductor montado en uno de los caballos y un mozo en el asiento del artefacto. El tren agrícola avanzó, siguiendo una de las lindes del campo, y los brazos de la segadora giraron en pausada revolución hasta que se perdieron de vista al doblar una subida. Transcurrido un minuto tornó a subir por la otra vertiente con el mismo andar acompasado; la refulgente estrella de bronce que campeaba en la frente del caballo delantero fue lo primero que se divisó en lontananza, dejándose ver luego los brillantes brazos y, por último, la máquina entera.