Tess de D'Urberville
Tess de D'Urberville Era aquello esencialmente distinto del valle de las vaquerÃas pequeñas, el valle de Blackmoor, en que hasta ahora viviera exclusivamente, si se exceptúa su desastrosa residencia en Trantridge. Aquà todas las cosas tenÃan proporciones más grandes. Los setos y cercas comprendÃan veinte hectáreas en vez de cuatro, las fincas abarcaban más terreno y los rebaños formaban tribus por doquier, siendo asà que en el otro valle no pasaban de familias. Aquellas mirÃadas de vacas que los ojos de Tess contemplaban de oriente a poniente excedÃan en mucho a cuantas ella viera juntas de una vez. El verde tapiz estaba tan profusamente sembrado de ellas como de aldeanos un lienzo de Van Alsloot o Sallaert[47]. El matiz rojo oscuro de las vacas de ese color absorbÃa la luz toda del atardecer, mientras que las manchas de las vacas blancas la devolvÃan a los ojos en rayos casi cegadores hasta la misma altura en que se encontraba Tess.