Tess de D'Urberville
Tess de D'Urberville Le tranquilizó ella sobre el particular, mientras el señor Crick la examinaba de arriba abajo. Tess, por haber estado tanto tiempo metida en casa, tenÃa el cutis delicado y terso.
—¿Cree que podrá aguantarlo? Porque le advierto que esto es para gente dura, que aquà no podemos tener remilgos ni comodidades.
Afirmó Tess que a todo se avendrÃa bien, y al amo le complació verla tan animosa.
—Bueno, supongo que tomará usted un plato de algo, o algo para picar, ¿verdad? ¿Que no tiene apetito todavÃa? Bueno, pues allá usted. Pero le aseguro que a mà me habrÃa abierto el apetito la caminata.
—Empezaré ahora mismo a ordeñar para hacer mano —dijo Tess.
Bebió un poco de leche para reponerse de momento, con asombro al par que notorio menosprecio de parte del lechero Crick, al que jamás se le habÃa ocurrido que la leche pudiera ser buena bebida.