Tess de D'Urberville
Tess de D'Urberville Formaban los lecheros un pequeño batallón de mozos y mozas; los primeros se dedicaban a los animales duros de teta y las segundas a los más manejables. Era aquélla una gran lecherÃa, pues casi llegaban a cien las vacas que Crick tenÃa bajo su gobierno. Seis u ocho las ordeñaba él mismo, salvo cuando tenÃa que salir de casa. Eran las vacas más duras de todas; y lo hacÃa asà por temor a la negligencia de sus jornaleros, que podÃa ser causa de que no dieran los animales toda la leche que podÃan, no confiándoselas tampoco a las mozas por miedo a su falta de vigor en los dedos, pues esta deficiencia en el modo de ordeñar podÃa ser causa de que con el tiempo se secaran las vacas. No era el temor a la pérdida momentánea lo que convertÃa en una operación tan seria el hacer rendir el máximo a la vaca, sino el recelo de que al disminuir las exigencias disminuyese la producción y finalmente se extinguiera.