Tess de D'Urberville
Tess de D'Urberville Sintió Tess cierto desánimo bajo el cúmulo de recuerdos que con el de aquel episodio anterior a su infortunio le acudieron a la memoria, temiendo que aquel sujeto, al reconocerla, llegara por algún medio a descubrir su historia. Mas no tardó en recobrar sus ánimos al ver que el hombre no daba señales de conocerla. Reparó luego Tess en que, desde la tarde aquella hasta el momento actual, el rostro del joven había ganado en reflexiva serenidad y se había cubierto de bigote y barba; una barba de tono pajizo suave en las mejillas y que a medida que se alejaba de su raíz tomaba un matiz castaño. Por debajo del mandil llevaba una chaqueta negra de pana, pantalón de pana, polainas y blanca camisa almidonada. A no ser por el delantal, nadie hubiera podido adivinar qué fuese. Lo mismo podía tomársele por un propietario de carácter excéntrico que por un labriego acomodado. Y que era novicio en las faenas de la lechería pudo notarlo Tess al momento, sin más que ver el rato que tardaba en ordeñar una vaca.