Tess de D'Urberville
Tess de D'Urberville —El saludador Fall[69], de la parte de allá de Casterbridge, al que llamaban la O mayúscula, era un buen hombre, por los tiempos en que yo era mozo —dijo Jonathan Kail—. Pero el pobre ya está criando malvas.
—Mi abuelo solÃa consultar al saludador Mynterne, de Owlscombe, que era la mar de listo, según decÃa mi abuelo —continuó Crick—. ¡Pero ya se ha acabado esa casta de hombres!
La señora Crick hizo recaer la conversación sobre lo que importaba.
—Quizá sea que tenemos en casa enamorados —dijo con tono inquisitivo—. De joven oà decir que ésa era la causa de que ocurrieran estos percances. Ya te acordarás, Crick, de aquella muchacha que tuvimos hace años, y que también nos ocurrió lo mismo que ahora.