Tess de D'Urberville
Tess de D'Urberville No tardó en recobrar la bella indispuesta su aspecto natural en lo exterior, aunque por dentro quedó trastornada y abatida para toda la tarde. Acabado el ordeño vespertino, no salió en compañía de los demás, sino que se fue ella sola a vagar sin rumbo. Estaba deshecha. Había caído en el más profundo desánimo al ver que el relato aquél del ganadero sólo había despertado en sus oyentes sentimientos de chacota y burla. Sólo ella parecía haber comprendido todo el dolor que encerraba, y a buen seguro que nadie advirtió cuán de cerca le tocaba aquella historia. El sol de la tarde se le antojaba a Tess repulsivo y feo, como una gran herida inflamada en mitad del cielo. Sólo un gorrión sin compañía, lo mismo que ella, la saludó con cascado piar desde unas matas de la ribera en un tono plañidero, como de un antiguo amigo al que hubiera olvidado.