Tess de D'Urberville
Tess de D'Urberville Era Tess bastante mujer para comprender con toda claridad, después de oír las confesiones de las mozas, que todas éstas bebían los vientos por Ángel, y al ver el cuidado con que éste evitaba comprometer lo más mínimo la felicidad de ninguna de ellas, sentía tierno respeto por lo que, acertadamente o no, consideraba su virtuosa continencia, condición que nunca esperara poder apreciar en ningún hombre, y sin la cual algunos de aquellos sencillos corazones que se albergaban bajo un mismo techo hubieran quizá tenido que llorar su mismo infortunio.