Tess de D'Urberville
Tess de D'Urberville —¿Tiene algo que ver con eso el que padre se paseara esta tarde en coche? Hubiera querido que me tragase la tierra del bochorno que he pasado.
—¡Ya lo creo que tiene que ver! ¡Cómo que ahora resulta que venimos de una de las familias más nobles del condado (de antes del tiempo de Oliver Grumble)[20], con monumentos y nichos y escudos, y Dios sabe cuántas cosas más! ¡Con decirte que en tiempos de san Carlos fuimos caballeros de la Encina Real y que nuestro verdadero apellido es d’Urberville!… ¿No se te alegra el alma, hija mÃa? Por eso ha venido tu padre en coche, y no porque haya bebido, como la gente se imaginó.
—¡Cuánto me alegro de que asà sea! ¿Nos servirá para algo, madre?
—¡Cómo no! Se piensa que cosas grandes pueden venir de eso. No hay duda de que un montón de gente de nuestro rango vendrá en coche en cuanto se sepa. Tu padre se enteró al venir de Shaston, y me lo ha contado todo de pe a pa.
—¿Y dónde está ahora padre? —preguntó Tess.
Su madre, a modo de respuesta, dijo algo que no venÃa a cuento.