Tess de D'Urberville
Tess de D'Urberville —A primera hora de la tarde fue a Shaston a ver al médico. Según parece, tiene algo más que debilidad, pues el médico le ha dicho que tiene una cosa —no sabÃa cuál— hinchada cerca del corazón. Una cosa asà —y al decir esto Joan Durbeyfield hizo una curva con el desollado pulgar y el Ãndice formando una ce, señalando con el otro Ãndice la curva—. «Por ahora», le ha dicho el médico a tu padre, «tiene usted el corazón cerrado por este lado; pero el otro todavÃa está abierto. En cuanto se cierre asà —y la señora Durbeyfield juntó sus dedos hasta formar un cÃrculo completo— ya puede usted despedirse de este mundo, Durbeyfield… Ahora bien, lo mismo puede ocurrir dentro de diez años que de diez meses o diez dÃas».
Tess miró alarmada a su madre. ¿Cómo era posible que su padre se fuera tan pronto al otro mundo, cuando acababan de lloverle del cielo tan inesperadas grandezas?
—¿Pero dónde está padre? —preguntó de nuevo.
Su madre le dirigió una suplicante mirada.