Tess de D'Urberville
Tess de D'Urberville —¿Verdad que nuestras vidas son más intensas que las suyas? —le dijo Ángel a Tess en voz baja, viendo caminar por delante de ellos a los otros, a la fría palidez del día naciente.
—Pues a mí no me parecen tan distintas —repuso la joven.
—¿Porqué?
—Porque hay pocas mujeres que no tengan una vida intensa —replicó Tess, recalcando la última palabra cual si le hubiera hecho gran impresión—. En su interior albergan más cosas de lo que usted cree.
—¿A qué te refieres?
—Quiero decir que cualquiera de ellas —balbució Tess— sería… quizá mejor esposa que yo. Sin contar con que acaso le quieran tanto como yo… o poco menos.
—¡Oh Tess!
Dejó traslucir ella muestras inequívocas del contento que le produjera aquella exclamación impaciente, a pesar de estar tan decidida a sacrificar generosamente su ventura. Ya lo había hecho en otras ocasiones y no se sentía con ánimo bastante para inmolarse otra vez. En aquel momento se les unió una moza y los jóvenes no pudieron seguir hablando de lo que tanto les interesaba. Pero Tess comprendió que el día aquél había de ser decisivo.