Tess de D'Urberville
Tess de D'Urberville Se ofreció a hacerlo Ángel, aunque no le incumbía, pidiéndole a Tess que le acompañara. La tarde, aunque nublada, había resultado calurosa para el tiempo que corría, y la joven había salido de la casa solamente con su capucha de ordeñar, al aire los brazos y sin blusa, así que resultaba su atavío poco a propósito para una excursión en coche, por lo cual hubo de excusarse, aunque Ángel insistió tanto que al fin accedió, entregándole al lechero la colodra y el trípode para que lo llevase a la casa y montando en el carro, donde tomó asiento al lado de Ángel.