Tess de D'Urberville
Tess de D'Urberville Tess, sola en la casa con los pequeños, fue primero a guardar el libro en el pajar, metiéndolo en el bálago de la cubierta. Obedeciendo a curiosa superstición, se empeñaba la madre en que el mugriento volumen no pasase las noches en la casa, siendo preciso ir por él al pajar cuando había que consultarlo. Entre la madre con sus supersticiones, su primitiva instrucción, su dialecto y sus baladas aprendidas de oído, y la hija con sus enseñanzas de plan nacional y conocimiento grado medio bajo un código infinitamente revisado[21], mediaba un abismo de doscientos años, según el común entender. Cuando estaban juntas, se yuxtaponían la época jacobina y la victoriana.