Tess de D'Urberville
Tess de D'Urberville —DebÃa casarse con una de vosotras —exclamó Tess.
—¿Por qué?
—¡Pues porque valéis más que yo!
—¡Más que tú! —exclamaron las chicas en lento y quedo cuchicheo—. ¡No digas eso, querida Tess!
—¡Sà que lo digo! —contestó la joven impetuosamente. Y zafándose con brusquedad de los brazos de sus amigas rompió en histérico lloro, reclinándose desesperadamente en la cómoda y repitiendo sin cesar—: ¡SÃ, sÃ! ¡Debiera haber elegido a una de vosotras! —insistió llorando—. ¡Y hasta creo que yo debÃa influir para que lo hiciera! ¡Vosotras le harÃais más feliz que yo! ¡Ay, no sé lo que me digo!
Se agruparon las otras en torno a ella y la rodearon cariñosamente, pero los sollozos seguÃan ahogando la voz de Tess.
—Démosle un poco de agua —dijo Marian—. ¡La pobre sufre por nosotras!
La llevaron dulcemente a su lecho y la colmaron de besos cariñosos.
—Tú eres la mejor de nosotras y la más digna de él —dijo Marian—, más señora y más instruida que nosotras, sobre todo con las lecciones que él te ha dado. ¡Pero, mujer, debieras estar orgullosa! ¡Y claro que lo estás!