Tess de D'Urberville
Tess de D'Urberville —Abraham —dijo al hermanito—, ponte el sombrero, no te dará miedo, ¿verdad?…, y llégate a la taberna de Rolliver a ver qué ha sido de padre y de madre.
Saltó el niño prontamente de su asiento, abrió la puerta y se perdió en la sombra. Pero transcurrió otra media hora, y ni el padre, ni la madre, ni el niño volvÃan. Abraham, como sus padres, parecÃa haber sido vÃctima también del encanto de la taberna.
—Tendré que ir yo —dijo Tess.
Y después de acostar a Liza-Lu y dejarlos encerrados a todos, emprendió su camino por la oscura y tortuosa callejuela, nada hecha para avanzar deprisa, pues databa de un tiempo en que un centÃmetro de tierra no tenÃa valor y los horarios de una sola manecilla bastaban para dividir el dÃa.