Tess de D'Urberville
Tess de D'Urberville Subió Tess de nuevo y se puso el vestido. Sola como estaba, permaneció un momento contemplándose en el espejo con su traje de seda; y entonces se le vino a la memoria aquella tonadilla que cantaba su madre y en que se hablaba de cierto traje mágico,
que nunca sentaba bien a la novia que había tenido un desliz[94].
¡Si le haría traición a ella aquel vestido, como traicionó el suyo a la reina Ginebra, según la canción de su madre! Desde que estaba en la granja, hasta aquel instante no se había acordado Tess de aquellos versos.