Tess de D'Urberville
Tess de D'Urberville —Usted dispense. Fue una equivocación. Creà que se trataba de otra mujer que vive a sesenta kilómetros de aquÃ.
Recapacitando Ãngel en que se habÃa dejado llevar de un ciego impulso y en que además merecÃa reproche él también por haber abandonado a Tess en el pasillo, extendió su mano al hombre y ambos se separaron dándose las buenas noches en el tono más pacÃfico del mundo.
—Pero ¿fue equivocación? —preguntó al vapuleado su acompañante.
—¡No!… ¡Lo dije por no ofenderle a él!
En aquel momento se alejaban ya los novios.
—¿No podrÃamos aplazar un poco el dÃa de la boda? —preguntó Tess con voz velada—. Quiero decir, si quisiéramos.
—No, amor mÃo. Cálmate. ¿Lo dices para que ese hombre tenga tiempo de denunciarme? —le preguntó a su vez Ãngel, risueño.
—No…, sólo lo decÃa por si tuviéramos que aplazarla.