Tess de D'Urberville
Tess de D'Urberville Al oÃr aquella proposición inesperada creyó ella en una intervención providencial.
—Pero ¿tienes algo que confesarme? —dijo denotando contento y alivio.
—¿Te crees que no? Tienes formada de mà mejor opinión de la que merezco. Pero escucha. Atiende aquÃ, porque necesito que me perdones y no tengas a mal el que no te lo haya dicho antes.
¡Era asombroso! ¡Aquel hombre parecÃa su doble! Guardó Tess silencio y Clare continuó:
—Si no te lo dije antes fue por miedo a perder tu cariño, que era el gran anhelo de mi vida. Mi beca, como yo te llamo. Mis hermanos se ganaron su beca en el colegio y yo logré la mÃa en la vaquerÃa de Talbothays. Y, claro, no querÃa quedarme sin ella. Estuve a punto de decÃrtelo hace un mes, cuando me prometiste ser mÃa, pero no me atrevÃ; pensé que me ibas a tomar horror, y lo aplacé. Ayer también pensé decÃrtelo, a fin de darte margen a que te deshicieras de mÃ. Y tampoco lo hice. Esta mañana, cuando al bajar me propusiste que nos confesáramos mutuamente nuestras culpas me pareció inoportuno… Pero ahora ya no hay más remedio; ya que te veo ahà sentada tan solemnemente, dime, ¿me perdonarás?
—¡Claro! Estoy segura de que…