Tess de D'Urberville
Tess de D'Urberville —¡Pensar que todo se ha venido abajo! —decÃa—. Con un panteón de familia en la cripta de la iglesia de Kingsbere, tan grande como la bodega de Folard, y allà mis esqueletos a docenas, con los huesos más puros que recuerda la historia del condado. ¡Habrá que ver lo que salen ahora diciéndome en Rolliver y en La Gota Pura! ¡Cómo van a tomarme el pelo, diciendo: «¡Anda, ahà tienes el gran casamiento! ¿Y asà es como te vas a poner a la altura de tus antepasados de los tiempos del rey normando?» ¡Esto es demasiado, Joan! Yo me mato con tÃtulo y todo, ¡no puedo sufrir esto! Pero si están casados como Dios manda, se le puede obligar a que cargue con ella.
—Claro que sÃ. Sólo que ella no quiere.
—Pero ¿tú crees que ha sido una boda de verdad? ¿O será por el estilo de la primera?
No pudo escuchar más la pobre Tess. Al ver que dudaban de sus palabras, allÃ, en la misma casa paterna, sintió una definitiva aversión a su hogar. ¡Qué inesperados ataques le deparaba el destino! ¡Y si su propio padre dudaba un poco de ella, cuánto no dudarÃan los amigos y vecinos! ¡No tenÃa más remedio que irse enseguida de casa de sus padres!