Tess de D'Urberville
Tess de D'Urberville Sólo unos cuantos días entonces, se permitió Tess permanecer allí, pasados los cuales recibió una breve carta de Clare diciéndole que se había trasladado al norte de Inglaterra con objeto de visitar una granja. Movida del afán de probar a las claras que era la esposa de aquel hombre, así como para ocultarles a sus padres el abismo que los separaba a ambos, aprovechó aquella carta para justificar su partida, dejándolos bajo la impresión de que iba a reunirse con él. Y para poner a cubierto a su marido de toda sospecha de desafecto hacia ella, cogió veinticinco libras de las cincuenta que él le entregara al despedirse y se las dio a su madre, a título de dádiva que podía permitirse la esposa de Ángel Clare, diciéndole que era una pequeña compensación por los disgustos y humillaciones que años atrás pasara por su culpa.
Con este alarde de dignidad se despidió Tess de sus padres. Éstos se dieron buena vida durante unos días a costa de la esplendidez de su hija, y su madre decía, muy creída en ello, que el disgusto que existía entre ambos cónyuges había terminado al comprender los dos que no podían vivir el uno sin el otro.