Tess de D'Urberville
Tess de D'Urberville —Pues, hombre perverso, porque el claustro significa un monje y un monje, catolicismo.
—¡Ah! Y el catolicismo es pecado, y el pecado trae consigo la condenación. Estás en una situación peligrosa[117].
—Yo estoy orgullosa de ser protestante —dijo ella severamente.
Entonces Ángel, lanzado por puro dolor a una de esas actitudes demoníacas en que el hombre menosprecia sus verdaderos principios, se acercó a la muchacha y diabólicamente le murmuró al oído las ideas más heterodoxas que se le ocurrieron. La carcajada que hubo de producirle la vista del aterrorizado semblante de la joven cesó, sin embargo, al notar que se mezclaba con el dolor y la inquietud que Mercy sentía por su propio destino en la otra vida.
—Querida Mercy —exclamó—, perdóneme. Creo que voy a volverme loco.