Tess de D'Urberville
Tess de D'Urberville Ella pensó para sí que ya lo estaba, y de esta suerte concluyó la entrevista, volviendo él a casa de sus padres. Ángel había depositado en el banco local las joyas de Tess hasta que vinieran mejores días, ingresando allí también treinta libras, para que se las fueran entregando a la joven cuando las pidiera. Además, le escribió a casa de sus padres, en el valle de Blackmoor, informándola de todo. Aquella suma, unida a la que ya le había entregado personalmente, bastaría, a juicio del joven, para subvenir a sus necesidades, habiéndola autorizado además a recurrir a su propio padre si se veía en apuro.
Juzgó más conveniente no poner en relación directa a Tess y a sus padres y optó por no dar a estos últimos su dirección, que tampoco se la habían pedido por ignorar las causas de la separación de ambos cónyuges.