Tess de D'Urberville
Tess de D'Urberville Consideró Ángel su último deber visitar la casa de Wellbridge donde pasara con Tess los tres días siguientes al de su boda, a fin de pagar el modesto alquiler de la vivienda, entregar la llave de la misma y recoger algunos efectos que allí había dejado. Bajo aquel techo había sido donde desplegara sobre él sus lúgubres alas la sombra más negra de su vida. Y sin embargo, al abrir la puerta del salón y recorrerlo con su mirada, el primer recuerdo que hubo de asaltarle fue el de su feliz llegada, en una tarde semejante; la gozosa sensación de compartir una casa a solas con la mujer amada, la primera comida que hacían juntos, la dulce charla junto al fuego con las manos unidas.