Tess de D'Urberville
Tess de D'Urberville Luego que hubieron dejado atrás la aldea de Stourcastle, callada y somnolienta bajo sus espesas techumbres de bálago, empezaron a atravesar terrenos más altos. A su izquierda se alzaba, más elevada todavÃa, la colina de Bulbarrow o Bealbarrow, que puede que sea la más alta de todo Wessex del Sur y que se erguÃa, soberbia, hacia el cielo, ceñida por sus murallas de adobe[25].
Desde allà seguÃa el camino en horizontal por algún trecho. Ambos hermanos se subieron a la delantera del carro y Abraham puso una cara cavilosa.
—¡Tess! —exclamó de pronto, como a guisa de preámbulo.
—¿Qué, Abraham?
—¿Te alegra a ti eso de que ahora resulte que somos nobles?
—A mà no me da frÃo ni calor.
—Pero ¿no te alegra pensar que puedas casarte con un señorito?
—¡Cómo! —exclamó Tess, alzando la cara.
—Claro, mujer. Porque nuestra parienta importante te buscará un novio rico como ellos.
—¿Nuestra parienta importante? Pero ¿qué dices, hombre? ¡Si no tenemos tal parienta! ¿Quién te ha contado eso?