Tess de D'Urberville
Tess de D'Urberville —¿No lo sabe ya? Desde que fue a la lecherÃa por vez primera.
—¿Más que Tess?
Izz movió la cabeza en señal negativa.
—No —murmuró—, más que ella no.
—¿Y cómo es eso?
—Pues porque quererle más que ella es imposible. «¡Ella hubiera dado su vida por usted, y más que eso no podrÃa hacer yo!».
Como el profeta en la cumbre de Peor[118], Izz Huett sintió tentaciones de difamar en aquel instante, mas se sobrepuso a todo la fascinación que en ella ejercÃa la delicada y noble condición de Tess.
Guardó silencio Ãngel; su corazón se habÃa conmovido al impulso de aquellas honradas palabras de origen tan inequÃvoco. SentÃa en su garganta algo asà como un sollozo solidificado. Sus oÃdos repetÃan: ¡Ella hubiera dado su vida por usted, y más que eso no podrÃa hacer yo!
—Olvida lo que hemos hablado, Izz —dijo Ãngel volviendo de repente el coche—. No supe lo que me decÃa. Te volveré a dejar a la entrada del camino de tu pueblo.
—Me está bien empleado por haberle dicho la verdad. ¡Cómo podré sufrir este golpe! ¡De dónde sacaré fuerzas!