Tess de D'Urberville
Tess de D'Urberville —¡Le perdono! —dijo.
—Ahora, Izz —dijo él, de pie a su lado, asumiendo un papel de mentor que estaba muy lejos de sentir—, quiero que le digas a Marian cuando la veas cuánto vale ser una mujer honrada y cuánto importa no entregarse a ciegos y locos desvarÃos. Promételo y prométeme decirle también a Retty que hay por el mundo hombres que valen mucho más que yo y que si quiere darme gusto que proceda en todo digna y correctamente; no olvides estas palabras. Este mensaje mÃo deben recibirlo como el de un moribundo, ya que no han de volver a verme más. Tú, Izz, con esa noble declaración que me hiciste respecto a mi mujer, me has salvado de incurrir en traición para con ella. Serán muy malas las mujeres, pero lo que es en estas cosas no son tan malas como los hombres. ¡Nunca podré olvidar tu noble comportamiento! Sé siempre tan sincera y buena como hasta aquà y acuérdate de mà como de un amante indigno, pero también como de un amigo leal. ¡Prométemelo!
Ella se lo prometió solemnemente.
—¡Que Dios le bendiga y le guarde, señor! ¡Adiós!