Tess de D'Urberville
Tess de D'Urberville «¡Pobres seres!… ¡Y pensar que me creÃa yo la criatura más desgraciada de la tierra teniendo ante mi vista vuestra mÃsera suerte!», reflexionaba Tess mientras los remataba, vertiendo copiosas lágrimas de compasión. «¡Sin haber sufrido yo ni una sola punzada de dolor material, ni perdido ningún miembro, ni vertido mi sangre, y teniendo como tengo dos manos para buscarme el sustento y vestirme!». Y Tess se avergonzó de sà misma por su abatimiento de la noche anterior, fundado en algo tan intangible y vago como la sensación de verse condenada por una ley arbitraria de la sociedad desprovista de toda base natural.