Tess de D'Urberville
Tess de D'Urberville Ya entrado el día, se puso Tess nuevamente en camino y cautelosamente salió a la carretera. Resultaba innecesaria tal cautela, porque no se divisaba por allí alma viva, y ella siguió camino adelante, animosa, confortada por el recuerdo del mudo padecer de las aves durante aquella noche de agonía, que le había hecho pensar en lo relativo de sus dolores, haciéndole ver la tolerable naturaleza de los mismos, para vencer los cuales bastaba con despreciar la opinión pública. Sólo que esto no podía hacerlo mientras no contase con la salvaguardia de Clare.