Tess de D'Urberville
Tess de D'Urberville Soplaba un aire seco y frío, y los caminos rodados, oreados por el fuerte viento, se ponían blancos de polvo a las pocas horas de haber llovido. Por allí había pocos árboles, o más bien ninguno, pues los que hubieran podido desarrollarse en los setos los descuajaban los terratenientes, enemigos naturales de árboles, arbustos y malezas. A no muy larga distancia se divisaban las alturas de Bulbarrow y Nettlecombe Tout, y a Tess le pareció que la saludaban afectuosamente. Parecían hundidas y modestas desde aquella eminente meseta, aunque al verlas en su infancia desde el otro lado de Blackmoor, las comparara con gigantescos castillos recortados sobre el cielo. Hacia el sur, a muchos kilómetros y más allá de las cumbres y cordilleras de la costa, pudo columbrar Tess una extensión lisa como de bruñido acero y que era una zona del Canal de la Mancha, inmediata a tierra francesa.