Tess de D'Urberville
Tess de D'Urberville Nadie se les acercaba y sus movimientos eran de automática regularidad; vestÃan largos ropones, pardos mandiles con mangas atados por abajo para que no se les volaran las faldas con el viento; unas faldas cortas que les llegaban apenas al tobillo, dejando ver sus altas botas; llevaban además guantes amarillos de piel, reforzados con guanteletes. El aire pensativo que prestaba a sus inclinadas cabezas la capucha del ropón les daba cierta semejanza con una pintura de primitivo italiano de las dos MarÃas.
Trabajaban hora tras hora, ajenas al desolado aspecto que asumÃan en el paisaje, sin pensar en la justicia o injusticia de su suerte. Y hasta en aquella triste situación tenÃan tiempo para soñar.