Tess de D'Urberville
Tess de D'Urberville La revelación del granero hizo que los pensamientos de Tess volvieran a tomar una vez más el derrotero del lejano pueblecito de Emminster. Le había dicho Ángel antes de irse que por conducto de sus padres había de escribirle cuando fuera preciso, y también que podía recurrir a ellos cuando se encontrara en apuro. Hasta entonces no se había atrevido a hacer uso de esas autorizaciones, cohibida por la impresión de no tener título moral alguno sobre Ángel, habiendo además dejado virtualmente de existir, tanto para sus suegros como para sus padres desde que se casó. Entraba también por mucho en la abstención de la joven la independencia de su carácter, que no se avenía a aceptar por compasión o favor nada que no le correspondiera en derecho y por sus propios méritos. Estaba decidida a valerse únicamente de sus medios personales, renunciando a los derechos no más que nominales que pudiera alegar para con una familia extraña por el solo hecho de que un miembro de dicha familia, en un arrebato sentimental, hubiera escrito su nombre con el de ella en el libro de una parroquia.