Tess de D'Urberville
Tess de D'Urberville Siguió Tess andando, sin volver la cabeza. ParecÃa hallarse dotada su espalda de sensibilidad para los destellos visuales —y hasta su ropa— según se sentÃa de vulnerable a la mirada que, dirigida a ella, creÃa percibir desde el exterior de la era. Hasta aquel momento habÃa tenido el corazón embargado por la congoja de un dolor pasivo, pero ahora se operaba una crisis en la naturaleza de su pesadumbre. Aquella fruición afectiva tan largamente cohibida cedÃa paso a la sensación casi fÃsica de un pasado implacable que todavÃa le tenÃa echada la zarpa. La conciencia de su yerro se hacÃa tan intensa que rayaba en desesperación; el abismo que habÃa entre su vida pasada y su vida actual seguÃa sin colmarse, después de padecer tan prolongado. Empezaba a recelar Tess que el pasado no serÃa tal hasta que ella no fuese también pasado.