Tess de D'Urberville
Tess de D'Urberville —Pues hace dos o tres años estuvo en Trantridge predicando por encargo de una sociedad de misiones y yo, infame de mÃ, me puse a discutir con él y le insulté por ver que se empeñaba en inculcarme la buena doctrina. Pero él no se resintió por mi conducta y no me dijo más sino que algún dÃa recibirÃa los primeros frutos del EspÃritu, añadiendo que algunos que vinieron en son de mofa se quedaron a orar[128]. Destilaban sus palabras una mágica esencia que penetró hondamente en mi alma. A poco de eso hizo profunda impresión en mi ánimo la muerte de mi madre, y poco a poco se me fueron abriendo los ojos a la verdadera luz, aunque no hace todavÃa mucho tiempo que ando predicando por aquÃ. Los primeros meses de mi ministerio los pasé en el norte, que juzgué más a propósito para hacer mis primeras armas, a fin de cobrar ánimos antes de someter a la prueba más severa mi sinceridad, hablándoles a los que me han conocido de atrás y fueron mis compañeros en los dÃas de sombra y ceguera. ¡Si tú supieras, Tess, el goce que ocasiona el azotarse a sà mismo, estoy seguro de que…!