Tess de D'Urberville
Tess de D'Urberville Andando, andando, llegaron al sitio denominado Cross-in-Hand. Era aquél el lugar más solitario de toda la blanca y desolada meseta. Tan distante se hallaba del encanto que en el paisaje buscan los artistas y aficionados a panoramas pintorescos, que tomaba como una suerte de belleza negativa de trágico matiz. DebÃa el paraje su nombre a un pilar de roca que allà se alzaba; extraño monolito, procedente de una cantera de los alrededores, en el que se veÃa una mano humana toscamente esculpida. Acerca de su origen y significado corrÃan distintas versiones, afirmando algunas que en otro tiempo el monolito estaba entero, formando una cruz, de la que ahora sólo quedaba el tronco, mientras otras aseguraban que la piedra se conservaba en su condición y forma primitivas, habiendo sido colocada allà para marcar un lÃmite o señalar un punto de reunión. Pero sea cual fuere el origen de la reliquia, era y es algo siniestra o solemne, en relación con el carácter del panorama que la circunda y bastante a conmover al más templado transeúnte.
—Tengo que dejarte ya, Tess —observó, Alec, al llegar al mencionado sitio—. He de predicar en Abbot’s-Cernel a las seis, y mi camino tuerce aquà a la derecha. Además, que me alteras un poquito…, no puedo decir por qué. Tengo que separarme de ti y ver de cobrar ánimos. Pero antes dime, ¿cómo es que ahora te expresas tan bien? ¿Quién te ha enseñado a hablar con tanta corrección?