Tess de D'Urberville
Tess de D'Urberville La agobiadora sensación del daño que habÃa hecho fue causa de que Tess accediese con más facilidad que en cualquier otra circunstancia a los deseos de su madre, aun no pudiendo comprender por qué aquélla se las prometÃa tan felices de una gestión de tan dudoso resultado, a juicio suyo. Quizá su madre hubiera hecho indagaciones y venido en conocimiento de que la tal señora d’Urberville era una dama caritativa y de raras virtudes.
A pesar de todo, el orgullo de Tess hacÃa que ésta no llevase del todo bien el tener que desempeñar con aquella dama el papel de parienta pobre.
—Más me gustarÃa ponerme a trabajar —murmuró.
—Durbeyfield, tú dirás lo que se ha de hacer —dijo la señora a su marido, sentado al fondo—. Si te parece que la chica debe ir, irá.
—No me acaba de parecer bien que mis hijos vayan a hacerle acatamiento a unos parientes desconocidos —murmuró él—. Yo soy el cabeza de la rama más noble de la familia, y es preciso que esté a la altura de eso.
Las razones alegadas por el padre le parecieron a la muchacha más flojas que las suyas.