Tess de D'Urberville
Tess de D'Urberville —¿Ese hombre? —protestó ella orgullosa—. ¡Claro que no!
—Entonces, ¿quién?
—No me pregunte usted lo que no quiero decirle —imploró ella, echando atrás la cara y entornando los ojos. D’Urberville estaba turbado.