Tess de D'Urberville
Tess de D'Urberville «¡Pero no, no!», se decía la joven desalentada. «No hubiera podido casarme con él ahora. Me inspira repugnancia».
Aquella misma noche comenzó una conmovedora carta para Ángel, ocultándole sus penalidades y reiterándole su inquebrantable amor. Quien leyera entre líneas hubiera podido descubrir que en el fondo de su gran amor se dejaba traslucir un monstruoso espanto, casi una desesperación ante la idea de ciertas contingencias secretas que no especificaba la misiva. Pero no llegó Tess a concluir su efusivo alegato; Ángel había requerido a Izz para que se fuera con él, y eso quizá fuera indicio de que ya no quería a su mujer legítima. Tess guardó la carta en un baúl y se preguntó a sí misma si llegaría alguna vez a las manos de Ángel.