Tess de D'Urberville

Tess de D'Urberville

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Era ya pleno día cuando quedó desmontada la techumbre de paja, ocupando entonces sus puestos los trabajadores de ambos sexos y dando comienzo a la labor. Ya estaba allí Groby —o «él», como todos le llamaban—, y cumpliendo sus órdenes, se colocó Tess en la plataforma de la máquina, junto al hombre que la alimentaba de combustible, con el cometido de desatar las gavillas de grano que le fuera entregando Izz, la cual estaba a su lado, pero sobre la hacina, de suerte que el hombre pudiera coger las gavillas y extenderlas sobre el tambor giratorio, que al punto esparcía en un momento todo el grano.

Pronto, después de una o dos sacudidas iniciales, que regocijaron a los enemigos de la mecánica, empezó ya la máquina a marchar normalmente, siguiendo, rápida, la faena hasta la hora del desayuno, en que se suspendió por media hora el trabajo, empleándose luego la fuerza complementaria de la finca en la labor de construir la niara que fue creciendo junto a la hacina de mies. Comieron aprisa los braceros sin dejar sus puestos, y continuaron trabajando dos horas más hasta la otra comida; las ruedas inexorables giraban sin parar y el zumbido penetrante de la trilladora les ponía los nervios de punta a cuantos se hallaban próximos a aquel veloz torbellino.



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